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Política

Bullrich marca distancia con Milei, muestra autonomía pero evita una ruptura

Por Radar Noticias
19/09/2026 3 min de lectura
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Patricia Bullrich volvió a tensionar la relación con la Casa Rosada y con el dispositivo político que conduce Karina Milei, al denunciar descoordinaciones en uno de los capítulos más sensibles del Presupuesto 2027: el ítem de Discapacidad. La senadora cuestionó la forma en que se armó el texto enviado por el ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, que ingresó sobre la hora al Congreso y que, según su entorno, tuvo fallas graves en la protección de las personas con discapacidad. En el bullrichismo describen esas objeciones no solo como un reclamo técnico, sino como un mensaje político: la jefa del bloque de La Libertad Avanza en el Senado busca dejar en claro que no convalidará errores de gestión que afecten a sectores vulnerables y que no está dispuesta a “levantar la mano” automáticamente ante cada decisión del oficialismo.

El gesto se inscribe en una secuencia de movimientos en los que Bullrich viene marcando una identidad propia dentro del espacio libertario. La senadora ya había exhibido autonomía al impulsar el debate de la Ley de Biocombustibles por iniciativa propia y no del Poder Ejecutivo, y al habilitar el tratamiento de Ficha Limpia por fuera del paquete de reforma electoral que Karina Milei pretendía mantener atado. En todos esos casos, la exministra de Seguridad se ubicó como garante de ciertas banderas institucionales frente a la lógica de disciplina cerrada que exige el círculo presidencial, reforzando la imagen de una dirigente que responde a su propia agenda, a su núcleo de votantes y a una red de aliados que excede al mileísmo. En el Senado, sus decisiones son leídas como una forma de recordarle a la administración que la lealtad no es sinónimo de obediencia ciega.

El punto de mayor fricción se concentra en la relación personal y política con Karina Milei, la arquitecta del dispositivo oficialista. En la intimidad de ambos equipos admiten que se trata de una convivencia incómoda: se necesitan para garantizar gobernabilidad y futuro electoral, pero se desconfían. En el entorno de la secretaria general de la Presidencia cayó mal que Bullrich cuestionara la ingeniería del Presupuesto y que, en otras oportunidades, se desmarcara de órdenes directas del Presidente, como cuando planteó una “objeción de conciencia” ante decisiones militares que no compartía. Sin embargo, desde la Casa Rosada se esfuerzan por bajar el tono y darle un encuadre pragmático a la tensión: aseguran que Bullrich “está firme” en su lugar, que es esperable que haya diferencias y que, pese a los gestos de autonomía, el rumbo común no está en discusión.

Cerca de Bullrich niegan de manera enfática que exista una ruptura en marcha. Repiten que “no hay riesgo de fractura”, que la senadora no está preparando una candidatura por fuera de La Libertad Avanza y que su estrategia pasa por condicionar al Gobierno desde adentro antes que por cruzar la avenida y convertirse en oposición anticipada. La lectura predominante en su equipo es que se comporta como una socia que busca corregir errores de gestión y preservar su capital político para los próximos años, en particular con la mirada puesta en 2027. En ese esquema, moderar las consecuencias de decisiones impopulares, resguardar temas sensibles como discapacidad y mantener puentes con gobernadores y sectores de la antigua Juntos por el Cambio son parte de la misma jugada: mostrar que tiene voz propia sin dinamitar el andamiaje libertario.

En el oficialismo, en cambio, la percepción es más ambivalente. Por un lado, reconocen que Bullrich es una pieza central en el armado legislativo y que su figura puede ser clave para la reelección de Javier Milei, incluso como posible compañera de fórmula. Hablan de la necesidad de “contenerla” para que siga siendo parte de la oferta electoral y admiten que su capacidad para disputar votantes desencantados con el Gobierno es un activo que la Casa Rosada no quiere perder. Por otro lado, advierten que su creciente autonomía y sus diferencias públicas podrían legitimar la “desobediencia” dentro de un oficialismo que se construyó sobre la idea de disciplina vertical. De momento, tanto en la Presidencia como en el bullrichismo coinciden en una premisa: la relación atraviesa turbulencias y gestos de distancia, pero nadie apuesta a una ruptura inmediata. Bullrich levanta el perfil, marca límites y busca condicionar a Milei, mientras insiste en que seguirá trabajando para su continuidad en el poder.

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