El objetivo de Milei para 2027: ganar sin balotaje
En la Casa Rosada han dejado de hablar de la reforma electoral como un mero ajuste técnico y la describen, puertas adentro, como el corazón de la estrategia para 2027: que no haya PASO y que Javier Milei sea reelegido en primera vuelta. La ecuación que se repite en la Mesa Política es sencilla y brutal: menos instrumentos para que la oposición ordene sus internas, más chances de que La Libertad Avanza llegue a las generales con un escenario fragmentado enfrente y con la economía mostrando resultados suficientes como para retener el voto que apostó por el cambio. La eliminación o suspensión de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias se vuelve así una pieza que no sólo altera el calendario, sino que incide directamente en el modo en que el peronismo y los espacios de centro pueden construir una oferta competitiva.
Milei viene preparando el terreno desde hace meses. En público repite que las PASO no cumplen “ninguna función real”, que sólo sirven para financiar internas partidarias con dinero de los contribuyentes y que su “vocación es eliminarlas”, a la espera de que el Congreso acompañe. En privado, los operadores políticos traducen ese discurso en una hoja de ruta concreta: conseguir los votos para que, al menos en 2027, no haya primarias nacionales. La alternativa de suspenderlas por una sola elección, como ya ocurrió en el calendario legislativo de 2025, se instaló como un plan B casi equivalente en términos prácticos, siempre que permita lograr el objetivo central: evitar dos instancias de tensión política y económica, las PASO y un eventual balotaje, antes de la definición presidencial.
La apuesta oficialista se apoya en dos pilares que se alimentan mutuamente. Por un lado, el Gobierno necesita llegar a 2027 con indicadores que sostengan el relato de la recuperación: inflación a la baja, cierto orden macroeconómico y señales de reactivación que puedan ser percibidas en la vida cotidiana. Por otro, requiere que la oposición no consiga unificar sus piezas detrás de un liderazgo claro. La lectura en el círculo íntimo del Presidente es que las PASO son una herramienta que facilita la convergencia: permiten que distintos sectores ensayen una competencia interna ordenada, midan fuerzas y terminen detrás de una candidatura con volumen. Al quitar ese instrumento, La Libertad Avanza apuesta a que el peronismo y los espacios de centro se vean obligados a negociar en la oscuridad, con más riesgo de rupturas, boletas múltiples y listas que compitan entre sí, fragmentando el voto anti-oficialista.
Detrás de la obsesión por “que no haya PASO” también se esconde una preocupación económica. En la Casa Rosada admiten que cada instancia electoral agrega incertidumbre y presiones sobre el dólar, el riesgo país y las expectativas de los agentes económicos. En un esquema de primarias en agosto y generales en octubre, la campaña se estiraría casi medio año, con dos momentos de máxima tensión. Al borrar las PASO del calendario, el Gobierno supone que la discusión política se concentrará en un solo hito y que, al menos durante dos meses, la economía podrá respirar sin el ruido adicional de encuestas, internas y posibles cambios de rumbo. Esa ventana de estabilidad es considerada clave para sostener la narrativa de que el programa en curso debe continuar y que la reelección de Milei es la garantía de no volver atrás.
La ingeniería parlamentaria para llegar a ese escenario se convirtió, según coinciden fuentes oficialistas, en la condición previa de cualquier alianza. Karina Milei y el pequeño núcleo que ordena la estrategia electoral impusieron una regla: el diálogo con gobernadores y socios potenciales estará “supeditado” a los votos para la reforma política. Sobre la mesa aparecen ofertas de “colectoras”, adhesiones locales y acuerdos legislativos a cambio de respaldos en la discusión por la suspensión o eliminación de las primarias. El cálculo es transaccional: ceder espacios en provincias y municipios para ganar poder en el Congreso y asegurar que, cuando llegue 2027, el tablero esté dibujado según el libreto que la Casa Rosada imagina. En ese libreto, la frase que sintetiza la hoja de ruta oficial es tan simple como contundente: que no haya PASO, que haya primera vuelta y que el Presidente repita mandato sin balotaje.